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Claraboya. José Saramago

Claraboya. José Saramago

Claraboya. José Saramago

Este libro fue el primer libro del escritor que trató de publicar y la editorial lo traspapeló y no volvió a aparecer hasta 40 años después que encontraron el manuscrito  y solicitaron al escritor permiso para publicarlo. Pero Saramago ya no quiso y no ha sido hasta después de su muerte que no ha sido publicado. La historia de su publicación la cuenta en una introducción la viuda del escritor.

Me ha gustado mucho leerlo porque se pueden ver las raíces existenciales que marcarán toda la obra de este escritor del que soy fan. Con un estilo más sencillo que en obras posteriores y una frase más breve se lee con mayor facilidad pero ya contiene las claves críticas que le caracterizarán.

El libro básicamente me ha recordado al 13 Rué del Percebe porque lo que hace es presentar a los vecinos que residen en un mismo edificio y plasmar sus preocupaciones y sus diferentes vidas y relaciones familiares. Con este recurso conoceremos todo tipo de personajes y sus conflictos. No me extraña que no se atrevieran a publicarlo ya que toca temas muy tabúes para una época complicada con la censura en Portugal. Temas cómo la violencia doméstica, la prostitución, la homosexualidad femenina y la hipocresía social. Los celos, la separación, la envidia, el amor, la filosofía y la autodeterminación personal a la hora de elegir un camino en la vida. ¡Casi nada!. La obra nos plantea los conflictos y los personajes y aunque muchos de ellos quedan sin resolución es un libro que da gusto leer por que hace pensar, algo que siempre consigue Saramago.

Me ha gustado mucho totalmente recomendable. Algunos fragmentos me han encantado. No en todos los libros me apetece subrayar pero en esta ocasión hay varios fragmentos que me han impactado y los quiero resaltar por lo bello y directo del estilo.

Por ejemplo esta manera de explicar una palabra que no encuentras o el brillo de una mirada.

“Le estallaba en los labios la palabra que quería pronunciar, pero le parecía que sería una profanación decirla. Hay palabras que se retraen, que se niegan, porque tienen demasiado significado para nuestros oídos cansados de palabras” (Pág. 33)

“Los tres estaban contentos, tenían esa sonrisa en los ojos que vale por todas las sonrisas de dientes y labios.” (Pág. 52)

Los pensamientos de los personajes son de una gran sinceridad, claros y directos como por ejemplo estos fragmentos de la mujer que vive mantenida y decepcionada.

“Conocía demasiado a los hombres para amarlos. Recomenzar, no. ¿Cuántas veces fue en busca de una satisfacción siempre recusada? Iba por dinero, claro, y éste le era ofrecido porque lo merecía… Cuántas veces salió ansiosa, ofendida, lograda. Cuántas veces todo esto —habitación, hombre e insatisfacción— se había repetido. Después el hombre podía ser otro, la habitación diferente, pero la insatisfacción no desaparecía, ni siquiera disminuía.”(Pág. 57)

O los pensamientos del padre que se plantea abandonar a su familia y que en una breve frase consigue expresar de forma tan profunda.

“Si yo me fuera, ¿lo sentirías?

—Lo sentiría… —murmuró el hijo, perplejo.

—Después te olvidarías de mí…

—No lo sé.

¿Qué otra respuesta debería esperar? Claro que la criatura no podía saber si olvidaría. Nadie sabe si olvida antes de olvidar. Si fuera posible saberlo antes, muchas cosas de solución difícil la tendrían fácil.”(Pág. 74)

Pero son las conversaciones filosóficas entre el zapatero y el joven inquilino Abel las que darán un sentido más existencialista a la novela. Este fragmento de pensamientos de Abel me encantó por la forma de reflejar la monotonía y que aunque es un poco largo no lo quiero cortar porque es alucinante.

“Silvestre era mayor, hacía hoy lo que ayer: arreglar zapatos. Pero el mismo Silvestre dijo que, por lo menos, su vida le había enseñado a ver más allá de lo que la suela de los zapatos que arreglaba le proponía, mientras que a Abel la vida no hizo más que darle el poder de adivinar la existencia de algo oculto, de algo capaz de otorgarle un sentido concreto a su existencia. Más le valdría no haber recibido ese poder. Viviría tranquilo, tendría la tranquilidad del pensamiento adormilado, como le sucede al común de las personas. «El común de las personas —pensaba—. Qué estúpida es esta expresión. Qué sé yo lo que es el común de las personas. Miro a miles de personas durante el día; veo, con ojos de ver, a decenas. Las veo graves, risueñas, lentas, apresuradas, feas o hermosas, vulgares o atractivas. Y a eso lo llamo el común de las personas. ¿Qué pensará cada una de esas personas sobre mí? También yo voy lento o apresurado, grave o risueño, para algunas seré feo, para otras seré hermoso, o vulgar, o atractivo. A fin de cuentas, también formo parte del común de las personas. También yo tendré para algunos el pensamiento adormilado. Todos ingerimos diariamente la dosis de morfina que adormece el pensamiento. Los hábitos, los vicios, las palabras repetidas, los gestos habituales, los amigos monótonos, los enemigos sin odio auténtico, todo eso adormece. Vida plena… ¿Quién hay ahí que pueda declarar que viva plenamente? Todos llevamos al cuello el yugo de la monotonía, todos esperamos algo, el diablo sabrá qué… Sí, todos esperamos. Más confusamente unos que otros, pero la expectativa es de todos. El común de las personas… Esto, dicho así, con este tono desdeñoso de superioridad, es idiota. Morfina del hábito, morfina de la monotonía… Ah, Silvestre, mi bueno y puro Silvestre, ni siquiera tú imaginas las dosis masivas que has ingerido. Tú y tu gorda Mariana, tan buena que dan ganas de llorar —recordando estos pensamientos, Abel no estaba lejos, él mismo, de ponerse a llorar—. Ni siquiera lo que pienso tiene el mérito de la originalidad. Es como un traje de segunda mano en una tienda de ropa nueva. Es como una mercancía fuera del mercado, envuelta en papel de colores con un lazo a juego. Tedio y nada más. Cansancio de vivir, eructo de digestión difícil, náusea». (Pág. 181)

Un libro profundo y totalmente recomendable. Me ha gustado mucho.

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