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La verdad sobre el caso Harry Quebert, Joël Dicker

b_quebertCon un poco de dificultades voy a tratar de escribir la reseña los libros que he ido leyendo y aunque nunca soy un purista de la ortografía es posible que al escribir con la mano izquierda cometa más errores de los habituales que espero sepáis disculpar.

Por fin he podido leer el nuevo libro de Joël Dicker el joven escritor suizo que ha causado sensación en todo el mundo y ha sido un éxito de ventas en el último año. Y no me extraña porque es un libro muy entretenido y adictivo, que he disfrutado leyendo.

Con un estilo sencillo y directo que nos engancha desde el primer párrafo a la novela, cuya estructura es como una muñeca matrioska con historias dentro de otras historias que vamos descubriendo por medio de flashback de los diferentes y bien desarrollados personajes.

El protagonista  Marcus, un joven escritor que ha tenido un gran éxito con su primera novela se enfrenta a su primera crisis creativa y se refugia en su gran amigo un antiguo profesor y escritor. En un momento de crisis no le sale la cuenta de su vida a pesar del éxito y la fama.

“En mi cuenta en Facebook, pasé revista a la lista de mis miles de amigos virtuales; no había ni uno al que pudiese llamar para ir a tomar una cerveza. Quería un grupo de buenos amigos con los que seguir el campeonato de hockey y marcharme de camping el fin de semana; quería una novia, buena y dulce, que me hiciese reír y soñar un poco. Ya no quería estar solo.”

Es un libro muy completo donde se tratan multitud de temas transcendentales entorno a la investigación de un asesinato cometido hace muchos años. Pero tambien es una historia sobre la amistad, sobre los lazos profesor y alumno y sobre todo una reflexión sobre el oficio de escritor y sus angustias y el negocio editorial. Pero además es una historia de un amor prohibido e intenso. Una historia que marcará la vida de los protagonistas y muchos de los habitantes del pequeño pueblo americano donde transcurre la acción.

«Anhele el amor, Marcus. Haga de él su más hermosa conquista, su única ambición. Después de los hombres, habrá otros hombres. Después de los libros, hay otros libros. Después de la gloria, hay otras glorias. Después del dinero, hay más dinero. Pero después del amor, Marcus, después del amor, no queda más que la sal de las lágrimas.»(pag 487)

No tienen desperdicio los consejos literarios del profesor al alumno con los que se inicia cada capítulo de la novela. Aquí otro como ejemplo de esas clases magistrales.

«Si los escritores son seres tan frágiles, Marcus, es porque pueden conocer dos clases de dolor afectivo, es decir, el doble que los seres humanos normales: las penas de amor y las penas de libro. Escribir un libro es como amar a alguien: puede ser muy doloroso.»(pag 119)

O esta interesantísima reflexión sobre el don de la escritura que me encanta porque yo misma siento a veces esa necesidad compulsiva de escribir. Incluso con la mano rota necesito hacerlo al margen de lo bien o mal que lo haga es cómo una necesidad vital para pensar y reflexionar.

 El don de la escritura es un don no porque escriba correctamente, sino porque puede dar sentido a su vida. Todos los días hay gente que nace, y otros que mueren. Todos los días, millones de trabajadores anónimos entran y salen de enormes edificios grises. Y luego están los escritores. Los escritores viven la vida más intensamente que los demás, creo. No escriba usted en nombre de nuestra amistad, Marcus. Escriba porque es el único medio para usted de hacer de esa minúscula cosa insignificante que llamamos vida una experiencia válida y gratificante.

Vamos conociendo paso a paso la complejidad de su relación, cuando el viejo profesor es acusado del asesinato de una adolescente hace muchos años. Esa adolescente fue un amor prohibido e inspiración de la novela de más éxito del profesor.

Pero sobre todo lo más importante del libro es el desarrollo de los personajes, que están tratados en profundidad y que quedan perfectamente definidos por sus juicios y palabras. Tenemos de todo tipo de valores y pensamientos aderezados con múltiples anécdotas de sus vivencias.

Me llamaron  las reflexiones de Tamara la dueña del café, un personaje secundario  que nos muestra en un  certero párrafo su personalidad retrógrada y espejo de parte de la sociedad americana.

“Su hija le había dado tantas preocupaciones: hubiese podido caer en brazos de un camionero de paso. O peor: de un socialista. O peor aún: ¡de un negro! Ese pensamiento le provocó un estremecimiento: su Jenny con un negro horrible. La angustia la invadió de repente: muchos grandes escritores eran judíos. ¿Y si Quebert era judío? ¡Qué horror! ¡Quizás hasta era un judío socialista! Lamentó que los judíos pudiesen tener la piel blanca porque eso los hacía invisibles. Al menos, los negros tenían la honestidad de ser negros, para que se los pudiese identificar claramente. Pero los judíos eran unos hipócritas.” (Pág 212)

Por otro lado en la novela se nos revelan las jugarretas del negocio editorial y  los mecanismos publicitarios actuales. Es un texto largo pero es que me parece tan acertado que no me he podido resistir.

Era evidente que Barnaski tenía un don para ocupar el espacio mediático. Todo el mundo hablaba ya del libro, y cuanto más se hablaba, más hacía hablar aún, multiplicando las campañas publicitarias. El caso Harry Quebert, el libro de un millón de dólares, así lo presentaba la prensa. Porque me di cuenta de que la suma astronómica que me había ofrecido, y que había aireado con profusión en la prensa, era de hecho una inversión publicitaria: en lugar de gastar ese dinero en anuncios o carteles, lo había utilizado para atraer la atención general. Es más, no lo ocultaba cuando se lo preguntaban, y me explicó su teoría sobre ese asunto: según él, las reglas comerciales habían cambiado brutalmente con la llegada de Internet y las redes sociales.

—Imagínese, Marcus, lo que cuesta un solo cartel publicitario en el metro de Nueva York. Una fortuna. Se paga mucho dinero por un cartel cuya duración es limitada y el número de personas que lo verán también es limitado: la gente debe estar en Nueva York y coger esa línea de metro en esa parada en un espacio de tiempo dado. Mientras que ahora basta con suscitar el interés de una forma u otra, con crear el buzz, como dicen, con hacer que hablen de uno, y con contar con la gente para que hable de usted en las redes sociales: tendrá acceso a un espacio publicitario gratuito e infinito. Gente de todo el mundo que se encarga, sin darse cuenta siquiera, de hacerle publicidad a escala planetaria. ¿No es increíble? Los usuarios de Facebook no son más que hombres-anuncio que trabajan gratis. Sería estúpido no utilizarlos.” (Pag 504)

Y por ultimo un libro que mantiene la intriga hasta el final donde en cada vuelta te página te sorprende con un desenlace diferente. Una obra que cumple con el último consejo del escritor.

«Cuando llegue al final del libro, Marcus, ofrezca a sus lectores un giro argumental de último minuto.

—¿Por qué?

—¿Por qué? Porque hay que tener al lector en vilo hasta el último momento. Es como cuando juega a las cartas: debe guardar algunos triunfos para el final.»(Pag 544)

Me ha parecido un libro estupendo y totalmente recomendable para las vacaciones, ligero pero a la vez con un buen nivel de profundidad y desarrollo de los personajes. Y apto para casi todos los públicos. Seguiré la obra de este escritor.

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