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Los años de peregrinación del chico sin color, Haruki Murakami

b_años_peregrinacion Tengo que reconocer que me encanta este escritor. He leído casi toda su obra y aunque algunos me han gustado más que otros siempre es una delicia sumergirse en sus palabras que te arrastran hasta el mundo de sus personajes tan maravillosamente perfilados por su estilo ágil y a la vez profundamente poético. Algunas de sus frase son como haikus. No puedo leer nada de el sin volverme loca a subrayar párrafos y algunos os voy a poner en la reseña aunque espero no destripar demasiado la trama de la historia.

En esta ocasión el protagonista investigará porqué en la juventud fue expulsado sin ninguna explicación de su grupo de amigos con los que había logrado un vínculo único y casi mágico. Esa sensación de abandono le acompañaría toda la vida y marcaría su carácter y sus relaciones personales. En su madurez tratará de resolver ese enigma de su vida que le afecta de tal modo que le impide entregarse a nadie en su totalidad y ante la posibilidad de encontrar el amor, encuentra fuerzas para bucear en el gran misterio de su vida.

En este libro nos encontramos de nuevo con las claves de la obra de Murakami un personaje muy bien desarrollado que inicia un proceso de búsqueda interior una especie de camino que normalmente se asocia con un viaje. La música que inunda siempre las páginas de este escritor, y montones de anécdotas y situaciones interesantes que hace que te dejes llevar por las palabras sin importarte demasiado el final. Algo que en las obras de este autor acaba por no importar demasiado porque siempre termina de un modo abierto.

Las reflexiones del personajes son tan vitales y humanas que es muy fácil identificarse con él. Quién no se ha visto en la situación del protagonista ante una duda irresoluble.

Pero decidió no darle más vueltas. Por más que pensara, no parecía que fuese a obtener respuesta alguna. Decidió meter aquella duda, con la etiqueta «sin resolver» pegada, en un cajón, y regresar a ella otro día. En su interior había ya varios cajones como ése, todos con numerosas dudas aplazadas.

En esta ocasión en personaje se enfrenta a sus sentimientos de desarraigo y abandono. Una sensación con la que todos podemos identificarnos y que el escritor refleja con maestría en este párrafo.

Tsukuru no podía quitarse esos pensamientos de la cabeza. «Tal vez mi destino sea estar solo. La gente se acerca a mí y al poco tiempo se marcha.» Parecía que buscaran algo dentro de él e, incapaces de encontrarlo, o desencantados con lo que veían, se dieran por vencidos, y desilusionados, incluso enfadados, fueran alejándose. Hasta que, un buen día, se esfumaban. Sin dar explicaciones, sin despedirse. Como si con un hacha afilada cortasen de cuajo los vínculos que todavía hacían palpitar calladamente aquellas venas de sangre caliente.

Dentro de sí había algo que decepcionaba a los demás. «Tsukuru Tazaki, el chico sin color», se dijo en voz alta. «Supongo que, simplemente, no tengo nada que ofrecer a nadie. Bien pensado, ni siquiera tengo nada que ofrecerme a mí mismo.» (Pág. 91)

Lo que más me fascina de este autor es las imágenes que nos transmite con su lenguaje sencillo.  En la novela se narra un sueño erótico del personaje que sorprende por su plasticidad, sensualidad y a la vez liberalidad sexual. Un sueño que he decidido no transcribir porque me parece uno de los fragmentos mas importantes y bellos de la novela y creo que es mejor leerlo en ambiente. En ese sueño el protagonista se enfrenta a sus deseos reprimidos por sus dos amigas intimas y a la vez la extraña relación con su amigo con el que nunca se había planteado ninguna ambiguedad sexual pero que sin embargo su subconsciente saca a relucir. Un sueño sexualmente libre y a la vez muy poético por el que ya merece la pena leer el libro.

Luego la novela está llena de reflexiones interesantes sobre la vida destaco algunas de las que más me han impactado por lo mucho que me identifico con ellas. Sobre todo con esta del tiempo que empleamos en los transportes para ir al trabajo porque ese es precisamente mi caso.

«¿Cuánto tiempo consumirá la gente todos los días en acudir a sus puestos de trabajo?», se preguntaba Tsukuru. Entre una hora y una hora y media, y eso sólo a la ida. Si un oficinista normal y corriente, casado, con uno o dos hijos, y que trabaje en el centro de la ciudad, decidiese comprar una casa, tendría que ser necesariamente en las «afueras»; por lo tanto, para ir al trabajo necesitaría esa hora, hora y media para llegar. Eso quiere decir que, de las veinticuatro horas del día, pierde dos o tres tan sólo en ir y volver del trabajo. Si tiene suerte, quizá pueda leer el periódico o un libro de bolsillo dentro del tren abarrotado. O, por ejemplo, en el iPod, escuchar sinfonías de Haydn u oír hablar español para aprender el idioma. Otras personas cierran los ojos y se sumen en profundas meditaciones. Sin embargo, pocos afirmarían que esas dos o tres horas sean las mejores y más provechosas de la vida. ¿De cuánto tiempo nos despojan? ¿Cuánto tiempo de nuestras vidas se esfuma en esos probablemente absurdos desplazamientos? ¿En qué medida eso nos desgasta y extenúa? (Pág 254)

O esta curiosa reflexión sobre la originalidad. Sus personajes siempre mantienen conversaciones interesantes y profundas sin resultar pesado. la verdad es que me encanta.

“La originalidad no es más que una imitación hecha con juicio. O eso decía el realista de Voltaire.

—¿Tú opinas lo mismo?

—Todo tiene su molde. El pensamiento también. Pero así como no hay que temer a los moldes, tampoco hay que tener miedo de romperlos. Eso es lo esencial para poder ser libres: sentir respeto y aversión hacia los moldes. Las cosas importantes en esta vida siempre contienen cierta dualidad. Eso es todo lo que puedo decir. (Pág.51)

En general el libro me ha gustado mucho y por ello lo recomiendo aunque no ha desbancado a mis favoritos de este escritor que son:

Otros libros que he leído de él y he reseñado son

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