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El nombre que ahora digo. Antonio Soler

b_nombre copiaHemos leído este libro, Premio Primavera de Novela de 1999, en el club de lectura de mi pueblo y realmente no me ha pillado en el mejor momento porque me ha dejado un poco indiferente. Aunque me ha parecido que esta muy bien escrito, no era una historia que me apeteciera y no me ha llenado. Estoy un poco cansada de leer libros de la Guerra Civil y eso ha podido influir, llevo varios últimamente y estoy un poco saturada; y la historia de amor que narra no me ha parecido lo suficiente intensa para mantener la trama.

El libro cuenta las vivencias de un grupo de soldados republicanos durante la Guerra Civil narradas desde la distancia por la hija del teniente del destacamento. La historia que ella narra está hilvanada con los recuerdos de su padre y unos cuadernos escritos por un joven soldado de 17 años, Gustavo Sintora que se ve en la guerra por accidente al perderse de su familia durante un bombardeo y que acaba en el destacamento de su padre. Un grupo singular de personas cuya misión era llevar a una compañía de artistas por el frente para animar a los soldados.  En los cuadernos el soldado nos narra sus primeras experiencias como adulto en el amor y la guerra; un amor imposible y peligroso y una guerra que parece un juego de niños. (…)“niños que jugaban a la guerra, de niños que jugaban a los muertos, a ser muertos”(…)

Los cuadernos de Gustavo escritos en primera persona y como un diario de emociones y sentimientos, son muy poéticos y están escritos con estilo cuidado y lleno de metáforas y personificaciones del paisaje de modo que narrando sus impresiones, sentimos como todos los objetos de la escena toman parte de la historia… de forma siempre difusa y melancólica y en cierto modo llena de romanticismo son la parte que mas me ha gustado. Una breve muestra de la descripción de un bombardeo.

“Todo ardía o parecía que iba a arder, todo me decía que al instante siguiente ya no iba  a estar allí, nada iba a estar ni el fuego, ni el tiempo, ni yo, ni siquiera mi esqueleto. Yo era una bocanada de viento que corría entra las rocas, por entre Las ramas de los matorrales que me arañaban las piernas sin dolor. Yo era viento y yo vi la cara de un hombre que me miraba con los ojos muy abiertos y oí que un árbol me hablaba y me dijo soy la muerte, y todo era una lámina, la vida era un papel que alguien estaba a punto de echar en medio de una hoguera”

Al mismo tiempo la hija del teniente completa la narración en tercera persona situando la acción del personaje en el tiempo, junto con otros miembros del destacamento para que entendamos lo que pasó realmente, con un estilo más objetivo y distanciado añade más ritmo y anécdotas. La historia se desarrolla pasando constantemente de un narrador a otro.

Aunque está muy bien escrito y cuenta una historia bastante contundente, la distancia de la narración me ha impedido vibrar con los personajes y a la larga me ha resultado excesivamente lenta y difusa como si le faltase algún remate. El desarrollo inicial de los personajes se me ha hecho un poco largo hasta que ha empezado a pasar algo de verdad. El libro va estirando las sensación de fatalidad que flota durante la novela y sólo al final tiene un poco más de acción.  Sientes la historia un poco como si fuera un sueño y  el recuerdo de un poeta lleno de melancolía y tristeza; fatalidad y decepción. Al menos es lo que me ha transmitido a mi sin embargo debo decir tiene pasajes verdaderamente bellos.

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